Después de la niebla

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Monterrey.- En Después de la niebla*, de Luis Estrella (Ciudad Mante, Tamps., 1983), un grupo de jóvenes abandona, a través de las cloacas, la ciudad de Luciana (lo que hoy es Monterrey)…

…la cual se halla bajo el férreo dominio dictatorial de El General y su ejército de gombis y otros cuerpos represivos (incluyendo tecnología como los neuronales).

Su intención es llegar a Tamatán, región protegida por una niebla peligrosa, pero idílica que se encuentra en “un extenso valle, rodeado de montañas, ríos y un cielo… y condensa todo aquello para que los humanos hagan sociedad y de la sociedad nazcan frutos” (p. 139).

Se hacen llamar Los Marginados y los dirige Curtis, un poeta que utiliza su blog para criticar al gobierno, situación que lo pone en la mira del Comandante von Matta, encargado de atraparlo. Curtis es llevado al Rastro, lugar donde los prisioneros son convertidos en “cápsulas, embutidos y semillas para fertilizar tierras” (p. 20), igual que en la película Cuando el destino nos alcance (Richard Fleischer, 1973).

La estrategia controladora del gobierno incluye los Campos Magnéticos, ideados para desmemorizar a los enemigos del régimen, así como el lavado de cerebro o manipulación a base de slogans como en los tiempos actuales: “la vida es buena, toma Sumi” y “Existes porque somos uno” (p. 27).

Los derechos humanos no existen ni lo géneros hombre y mujer. Todos los ciudadanos son “nips” o “rips”. Los primeros son aquellos que ya han sido desmemorizados y los segundos son los destinados a morir pronto.

Coincidentalmente, como ahora, en Luciana hay una Zona Roja permitida por el gobierno: “Otra invención fue la Zona X, lugar donde podía ir cualquier “ciudadano libre”. Ahí podías encontrarte con seres humanos que hacían toda clase de bajezas (…). Había muchos juegos sexuales, de tortura, sadismo, sadomasoquismo, venta de alcohol” (p. 29), con la salvedad de que “todo era gratis, subsidiado y regalado por el gobierno” (p. 30), con su respectivo slogan: “Nada hace daño si te diviertes” (ibíd).

 Antes de escapar, Los Marginados deciden llevarse libros de la biblioteca: “Hay que armarnos bien de libros para que nadie nos pueda quitar nada cuando nos vayamos a las montañas. Aristóteles, La Biblia, Don Quijote… cuantos más autores, mejor, y toda la poesía que se pueda” (p. 71). De esa manera esperan preservar la cultura escrita, como ocurre en la novela Fahrenheit 451 (de Ray Bradbury, 1953).

Después de varias peripecias, Los Marginados llegan a los límites de Tamatán, mientras Luciana es destruida por la Serpiente Blanca, una gigantesca onda magnética y de polvo mortífero proveniente de los colapsados Campos Magnéticos: “Luciana y toda la nefasta prole que había creado, se perdieron en el tiempo, se extinguieron y otros, los más, perdieron la memoria, muriendo así con toda la civilización del reino” (p. 138).

En cuanto a Los Marginados, éstos descubren que Tamatán aparece y desaparece, como si estuviera en una dimensión alterna, visible sólo por momentos. Aun así, deciden buscar la manera de entrar para empezar a construir una nueva sociedad, y en opinión del Comandante Von Matta, exenemigo y ahora miembro del grupo: “se supo que fundaron un pueblo de nombre Tamatán. Y se perdieron en el tiempo” (p. 107).

Entre los vínculos que esta novela guarda con nuestra época está La guerra de las hierbas, donde gobierno y narcos “Acordaron que la droga sería legal, de uso público y que “todo ciudadano libre de Luciana podía consumir estupefacientes” pues, de rigor médico, mencionaron que era positiva para todos” (p. 51).

Además, Monterrey subsiste bajo el esqueleto urbano de Luciana por medio de calles (Héroes del 47, Aramberri, Washington, etcétera), lugares (Cintermex, Parque Fundidora, Barrio Antiguo…), sitios geográficos (Cerro de la Silla, Cerro de las Mitras, Sierra Madre…) y personajes (Felipe Guerra Castro, Alfonso Reyes, Eleuterio González “Gonzalitos” y Fray Servando Teresa de Mier).

* Luis Estrella. Después de la niebla. Monterrey, N.L.: Editora Nómada, 2015. 141 pp. (Colec. Narrativa.)


 

Reseña publicada en la revista: La Quincena por el escritor Eligio Coronado.

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