Literatura para dummies

Dummies

Cuando estudié en la UANL, en la Facultad de Filosofía y Letras, había en la biblioteca una sección de libros que decía “Literatura para dummies”.

Las estanterías y anaqueles que alojaban tales libros tenían títulos representativos de los grandes autores literarios del mundo (Rimbaud, Boudelaire, Allan Poe, Cervantes, Proust) y el objetivo era “hacer más fácil la lectura y el conocimiento”. En suma, para entender mejor qué escribió cada uno de ellos.

Consciente o inconscientemente, desde aquel momento comprendí que el conocimiento real debe aprehenderse a profundidad, no “por encimita”, situación que hoy está muy viva en los contextos laborales y educativos. Por este motivo, en continuas discusiones que he tenido desde hace años, tanto con colegas como conocidos, hay un tema constante: la calidad en la literatura y el aprendizaje.

Con el término “literatura” no me refiero exclusivamente a lo literario, sino a todo hecho en el cual se produce un texto, que se muestra en una revista, un panorámico, un libro, el periódico, blogs o un anuncio publicitario.

Con el internet, la vida cambió. Piénsese en las nimiedades: quienes trabajamos en la escritura aplicamos conocimiento al redactar, pero también oficio y responsabilidad. De hecho, el internet vino a dar “voz” a escritores que pugnamos por la independencia y vemos un espacio muy próspero en los medios digitales; sin embargo, es necesario pensar lo que se escribe y reescribir lo que se piensa. ¿Por qué? La producción de textos actual es tan vasta que el material de lectura es inmenso y el tiempo corto. Un ejemplo claro ejemplo es el siguiente:

“… la compañía de Jeff Bezos (Amazon) logró crecer su catálogo de libros en español de 70 mil a 95 mil libros digitales de más de 150 editoriales de habla hispana, reportó El Economista.”¹

Oportunidades de leer y publicar hay muchísimas, pero ¿qué tan valioso es esto? Desde luego, amerita un debate profundo en donde se analicen las ventajas y desventajas de un mundo global con lectores cada vez más efímeros y lecturas exprés.

Así como existe Amazon, hay otros sitios digitales que permiten exponer a autores independientes sus libros. Estar en el aparador virtual junto a García Márquez, Miguel de Cervantes o Patrick Modiano suena halagador, pero esto… ¿qué significa?, ¿apertura?, ¿cambio positivo?, ¿esperanza?, ¿globalización ingenua?, ¿que quienes logran publicar así producen literatura?, ¿o escriben literatura para dummys?

Ahora bien, las empresas necesitan lectores que sepan sus actividades, quiénes son, qué hacen, qué servicio ofrecen, por lo cual requieren escritores (hoy nos llaman “redactores” o “copys”) que hagan el trabajo. ¿Qué efectos tiene este acontecimiento? Observo dos: 1) Mayor demanda laboral en el sector; y 2) Menor oferta económica en la remuneración. Para validar lo anterior, es nuestra responsabilidad como escritores hacer creíble nuestro trabajo y conocimiento, que nuestras actividades no son “por amor al arte” sino por un oficio, un compromiso y una necesidad de escritura. Es, en este sentido, en donde las casas culturales, editoriales y empresas deben hacer ojo clínico, reflexionar la importancia en la producción de textos y optar por ofrecer un mejor servicio de comunicación a su mercado.

Por otra parte, la extensa pero sobrevalorada realidad de la literatura contemporánea tiene riesgos tanto para los autores como los lectores. El primero de ellos reside en la calidad de los textos; el segundo, en la recepción que los lectores hacen de un texto. Optimista o no, la realidad es que los dos hechos no se apoyan en un soporte que permita brindar la posibilidad de un debate poderoso y directo, el cual, pienso, antiguamente era posible en los cafés a través de la bohemia y en las universidades, que son cada vez más carentes de diálogo, apertura y verdadera construcción intelectual.

Ahora son las redes sociales, sobre todo Facebook y LinkedIn, las que se utilizan como plataforma para el debate; sin embargo, en este punto veo un quiebre y una fuga pseudointelectual. No se debate ni se dialoga, se critica, pero no se hace crítica. Entonces, hay un área de oportunidad aquí. Existen grupos y foros en donde, como usuario, puedes publicar artículos o comentarios, pero directamente no hay una interacción humana, un tête à tête, un mano a mano en el cual se transgredan los muros virtuales para refrendarlos en un coloquio real.

Enrique Vila-Matas, en su novela Bartleby y compañía, dice: “…un texto, si quiere tener validez, debe abrir nuevos caminos y tratar de decir lo que aún no se ha dicho”². En este sentido, el pensamiento proporciona bases para el debate y si los textos que se publican, ya sea de manera virtual o impresa, no proporcionan el jugo necesario, la sazón indispensable a la crítica, sucede que no hay una sacudida intelectual, aspecto fundamental en la sociedad actual.

Como lectores, más aún que como escritores, necesitamos leer textos más auténticos cuyo valor abra nuevas oportunidades tanto para las instituciones educativas, culturales y sectores empresariales, los cuales deben estar atentos a los cambios sociales.


¹ Ver referencia en: http://www.reporteindigo.com/piensa/tecnologia/adaptarse-o-morir 

² Vila-Matas, Enrique. Bartleby y compañía. Ed. Seix Barral, 1984, pág. 35.

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