Memorias de una psicótica

Delgadillo_El Pastor Aleman

La primera vez que la vi, no pude contener el aliento y la sorpresa. Había previsualizado el esbozo de un personaje femenino durante una reunión en mi casa hace más de dos años. En aquella ocasión, mi amigo el pintor Delgadillo hizo una referencia hacia una pintura de una mujer con cabeza de perro. Después la mostró al público en la exposición ANIMAL (Enero, 2015). De manera inconsciente, esta pintura resultó confabularse con mi personaje. El simbolismo más abstracto dio como fruto una posible novela o relato extenso: Memorias de una psicótica.

Pasaron algunos meses y el sedimento creativo permaneció quieto, pero luego el  personaje comenzó a cobrar fuerza y a ratos se rebelaba con furia, tal como si estuviera dentro de un saco cerrado queriendo liberarse. En este sentido, hay un espacio temporal en la creación de una historia que tiene matices singulares pues resulta inestable el proceso en que se gesta un relato. Comenzaré diciendo que la escritura, o el acto de escribir un texto literario, varía según las circunstancias del escritor. ¿Cuáles son ellas? Sin duda, tiempo, dedicación a la obra y decisión para ejecutar. Éstas están ligadas a algo muy importante: la creatividad del escritor para enrolar y materializar un personaje dentro de una historia.

En Memorias de una psicótica hay un personaje principal y un antagonista, los cuales están en una pugna constante por lastimarse; sin embargo, un tercer personaje, de gran peso en la historia, aparece para ejercer un cierto equilibrio o desequilibrio. La idea particular es ver qué tan profundamente afecta su inserción en los otros dos personajes.

Ahora bien, en una parte del relato hay una marca o indicio fundamental, que desemboca acciones muy borgianas.

Cito:

Recuerdo fugazmente la noche en que perdí la inocencia, fue una feroz mordida de la naturaleza y un encuentro con la otra persona que ya se formaba en mí desde hacía algunos meses, sobre todo después de cursar la secundaria. Yo no estaba preparada para salir al mundo, aquella vez me atrapó el destino o la causa, no sé, de un modo imprevisto, y por miedo a ser yo, opté por matar todas aquellas cosas que componen a un ser humano.

La anticipación sugerida de los hechos provoca la dramatización del personaje así como una sublimación hacia su objeto de deseo, el cual, en este caso, es el antagonista. Si esto lo ejemplificamos, sería así:

A: Protagonista 1 | B: Antagonista | C: Protagonista 2

A + B: problema

B = objeto de deseo = ¿Qué desea A para B? La destrucción

C = ¿Qué es? = equilibrio o desequilibrio

B = ¿Qué desea? Acabar con su remordimiento

Memorias de una psicótica constituye una creación inconsciente que desea salir y gritar todo su odio al mundo a través de un personaje femenino, el cual fue marcado por una agresión muy grave en su adolescencia. Por tal motivo, este eje triangular hace girar los goznes de la historia. Si analizamos, es una historia simple que tiene tres personajes fundamentales, no obstante, lo anterior no significa que el grado de tensión sea llano. Desde luego, hay otros elementos que construyen la densidad y estiran hasta el clímax el relato.

Ahora bien, todo esto no hubiera surgido sin la gestación de aquella pintura de mi amigo. Su apreciación fue el detonador. Una mujer con cabeza de perro de raza pastor alemán resulta simbólico. Un perro es fiel, según la tradición y la experiencia lo indican; sin embargo, no se puede decir lo mismo de un humano. La infidelidad y la traición están ligadas a su naturaleza. ¿Qué podemos argüir? La combinación de factores nos arroja un resultado contundente: Memorias de una psicótica es indefinible porque la literatura no es asunto de matemática o física. Al contrario, el simbolismo es lo que cambia la percepción de cada lector posible.

Hay una reminiscencia en este personaje femenino: Emma Bovary. Es el primer esbozo para escribir una obra monumental, que requerirá tiempo y estudio. Para los que no conocen quién es ella, platico brevemente un dato: es un personaje que inventó el escritor francés Gustave Flaubert en el siglo XIX en su obra Madame Bovary. Obviamente, como novelista no diré el por qué hasta que la historia esté escrita en su totalidad.

 

 

 

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