“Tombuctú”, la novela en que Paul Auster habla de Mr. Bones, el perro soñador

Cuando el poeta e indigente Willy G. Christmas murió, el mundo tal y como lo había concebido Mr. Bones tuvo un luto mayor. Él, que estaba tan acostumbrado a su amigo, ahora está solo en la enorme ciudad industrial de Baltimore, donde, según le contó su dueño, los cocineros de los mercados cazaban literalmente a los canes para hacerlos pasar como carne de otro animal en los guisos.

Tombuctú (Timbuktu, en su título en inglés) es la historia que escribe Paul Auster (1947) y la ubica en los 90´s. Tiene como fecha de publicación en 1999. Ahí cuenta una realidad muy distinta a la que comúnmente leemos, pues la narración es relatada por un perro con una serie de flashbacks que nos advierten la presencia de Willy G. Christmas como un hombre ya en la decadencia, pero que tuvo una vida “normal”, hasta que un acontecimiento extraordinario lo hizo cambiar su vida: un Santa Clos que estaba en un anuncio televisivo le habla. Cuando sucede, el protagonista cree que ha perdido el juicio, pero el incidente sobrepasa sus alucinaciones. Al siguiente día, su actitud es distinta y decide vivir, porque considera que hasta antes de esa noche había estado perdiendo el tiempo. Se arroja a las calles como un mendigo y con el tiempo se vuelve un marginado social.

¿Qué es “Tombuctú”? En el universo de la historia es donde, según Willy G. Christmas, las almas de los perros van al morir. Cuando esto se lo platica al chucho, se maravilla y cree fielmente en lo que dice su amo. Entonces Mr. Bones desea ir a ese lugar ideal para comprobar que es cierto y de paso, encontrarse con Willy porque él ha muerto. Tal vez esta situación sea como el paraíso perdido que en Occidente conocemos o la Rosa Púrpura que describe dante en su Infierno.

Lo maravilloso es que la lealtad del perro jamás se quebranta a pesar de las desventuras que padece. Paul Auster sabe que en el perro, no en Willy, versa la tensión de la novela. Conforme la historia avanza, como lector uno cree anticiparse, pero Auster sorprende con aventuras y disparates, además de diálogos divertidos así como preguntas profundas acerca de la existencia. Es, precisamente, a través del perro Mr. Bones como vemos las cosas, los sonidos, la vida y la “sinfonía de olores”, como lo define el autor al mundo de los canes, porque su memoria es principalmente olfativa.

Pareciera que el mundo es feliz o infeliz en esta novela. Lo que sí es innegable es la forma tan cambiante de las circunstancias. Los muros de los edificios viejos de Baltimore son un gran obstáculo para la creación de la felicidad. La decadencia es palpable en las acciones de las personas que, en apariencia, están en la historia solamente para fungir como ejemplo de la crueldad. La muestra evidente son los basureros en las calles y la crudeza con la cual los cocineros capturan a perros y gatos para después hacerlos pasar por carne de pollo, cerdo o res. Con esta suerte, Mr. Bones vive un largo periplo que parece no terminar desde las andanzas con su amo poeta, Willy, a quien tanto le conoció.

Quien esté preparado para una historia diferente, ésta es perfecta. Auster tiene la particularidad de extralimitar las condiciones humanas vía el azar, que es una de sus constantes narrativas.

Auster, Paul. Tombuctú. Ed. Anagrama, Barcelona, 1999, 176 pp.

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