Soy un escritor hedónico, nostálgico

Escribo esta columna en una cafetería ubicada en el centro de la ciudad de Monterrey. El propósito es encontrarme con el escritor Nérvinson Machado y dialogar acerca de algunos proyectos literarios por desarrollar; no descarto la sorpresa de otro asunto que salga a flote o alguna espontaneidad casual. El destino o la circunstancia lo decidirá.

Entre que su figura aparece y no —son las 6:45 pm del jueves 3 de marzo— hay un intenso barullo que proviene de las mesas adjuntas: un grupo de señores con sombrero arroja la carcajada tras comentar un chiste norteño, el vaivén de los meseros y meseras, el ruido de la licuadora —residuo inventado por Tesla y sobrevive en nuestro tiempo— y la música nostálgica que distingue a este café: la emisora AW 101.3 Inolvidable (FM).

Fuera de este sitio el mundo transcurre inevitable: las horas no se detienen. Los minutos persiguen los talones de las personas y las preocupaciones se agolpan en las neuronas de cada cabeza. Entonces surge una pregunta, ¿qué sentido existencial tiene la poesía? Para la gran masa de personas no hay tal, sólo es un hecho en la percepción de quienes nos interesa; sin embargo, eso no es algo negativo. Es un producto de la cultura, un concepto inventado para satisfacer una necesidad y hoy cada vez menos tiene menor importancia. El escritor, el curioso y el lector en sí —de cualquier raza y latitud— es quien dará la majestuosidad a la poesía y, en general, a la literatura.

En este punto es donde me detengo a reflexionar en lo siguiente: la importancia debe empezar de quien goza de un oficio, un trabajo o un gusto. Borges ha dicho “Soy un lector hedónico, lo repito, busco emoción en los libros”*.

La persona que ama su trabajo —cual sea— está dispuesta a sacrificar cierto tiempo de sus “desocupaciones” (ocupaciones, diríase para otros; yo prefiero el término entrecomillado) y ofrecer una parte de sus pensamientos al común denominador que lo rige. En el caso del escritor, el propósito final eres tú, lector.

Sin ti yo no puedo existir como tal. Aunque tal vez no te conozca, quiero llegar a ti y me escuches. No pecaré cuando digo “aunque estemos en dos planos diferentes, nuestro tiempo es el de la vida”.  Como tal, vivo. Escribo. En este instante anhelo que guardes mis pensamientos y alguna vez lo recuerdes porque lo más entrañable, sincero y mágico es la palabra (sólo cuando la esperanza y ls emoción viven en ellas).


*Cita extraída de su libro Siete noches en el capítulo “La Divina Comedia”.

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